Humanos, demasiado humanos

Hay días en los que la vida, al pensarse, se deja registrar. Un gesto, una frase, un silencio torcido. Todo forma parte de la narrativa por la que experimentamos el mundo. Nada extraordinario. Nada épico. Sólo la trama mínima donde lo humano se expone con una claridad incómoda.

Esta bitácora nace ahí: en lo cotidiano que enciende, en las microescenas donde el cuerpo siente primero y el pensamiento llega después, tanteando el mundo como si fuese una superficie nueva.

Estas notas tienen un único objetivo: ver.
Para que la escena revele el punto ciego.
Para que lo pequeño encuentre su forma.
Para que el día no pase como un trámite.

Lo humano está hecho de grietas, torpezas, impulsos y levedades. Si hay una verdad posible, está en esos bordes: en el que insiste, en el que se rebela, en el que desvela.

Registrar es resistir.
Registrar es afilar la mirada.
Registrar es seguir viva en la niebla.