La mente que habita el cuerpo
Soy una estructura que se despliega, se expande y se escribe a sí misma.
Yanina Torres — Aparición
Manifiesto de Identidad
Soy Yanina Torres.
Durante mucho tiempo, ese nombre fue apenas un contenedor, una etiqueta social sostenida por roles que no elegí: la hija, la profesora, la que sostiene, la que se adapta, la que no encaja en ningún lado.
Hoy, Yanina Torres es otra cosa. Hoy, Yanina Torres soy yo. No un rol, no una expectativa ajena. Yo. Con mis zonas brillantes y mi barro antiguo. Con mis traumas, mis heridas, mis filos. “Yo y mi librito.” Yo y mi destino. Yo y mi Bexhill.
Yanina es compleja. Tiene una cabeza que desmenuza, analiza, enlaza, identifica patrones, arma constelaciones. No descansa. Su estado natural es la curiosidad en movimiento. Su voz es volcánica, visceral, encarnada. Una voz que nace de la experiencia, y por eso no pide permiso.
Yanina es volcán, ya no iceberg. Es lava que se despliega, se expande, se derrama porque ése es su modo de existir. Y, al derramarse, fertiliza. Tras la erupción, hace florecer. Yanina es un cuerpo fuerte que soportó más de lo que creía, un cuerpo que propulsa a la mente y encarna ese conocimiento.
Yanina es una mezcla de ternura y ferocidad. Feroz para defender su núcleo. Feroz para cuidar lo esencial. Y, sin embargo, tierna: detrás de toda esa propulsión hay una niña que por fin es vista tal como es, no como deberían haberla visto, no como quisieron moldearla. Yanina sabe bajar la guardia cuando la situación lo amerita. Pero también sabe luchar hasta el último aliento cuando hace falta. Como el ratel.
Yanina confundió por años esa ferocidad con debilidad. Pensó que era demasiado sensible, demasiado intensa, demasiado distinta. La verdad es otra: su frustración no era “ser rara”, sino sobrevivir en ámbitos donde no pertenecía, escuchar discursos que no la nutrían, rodearse de personas que no podían verla.
Hoy, Yanina entiende. Hoy, Yanina aparece. Hoy, Yanina se reconoce.
Yanina es Bexhill. Es la tranquilidad de saber quién es y hacia dónde va. Bexhill-on-Sea es su lugar en el mundo. Un hogar que la esperaba desde antes de saberlo. Un horizonte que coincide con su forma. Una geografía que finalmente la reconoce.
Yanina camina hacia él. Y cada día está más cerca. Porque ya lo vive. Porque ya lo habita. Porque ya lo es.