Prólogo - Del Descubrimiento del Evangelio
Era una tarde de domingo otoñal en Bexhill. El sol daba de lleno en la ventana donde Tito, el evangelista, descansaba y meditaba para apaciguar la agitación de sus días de furia. Yo lo miraba de reojo mientras trataba de escribir mis últimos pensamientos sobre el exilio del sujeto y alcanzaba a ver cómo se estiraba y roncaba, como un maestro zen de la calma. Danny estaba listo para mirar el Gran Premio de Estados Unidos. Por una vez en la vida decidió quedarse a hibernar junto a Tito y conmigo. Aunque… Como no podía ser de otra manera, armó un grupo de WhatsApp con sus fans para propagar sus metáforas escatológicas. Yo también me uní al grupo, mientras decía para mis adentros: “y pensar que el ahora padre de Tito, que hoy lo saca a caminar por las playas de Bexhill, fue alguna vez piloto de Fórmula 1, mientras yo chapoteaba en la inmundicia filosófica del siglo XXI. Y ¡cómo me hace reír! Me pierdo en esa boca casi tanto como me pierdo en la desesperanza de Cioran: sin retorno y con una sonrisa torcida.” Cuando empieza la carrera y Verstappen -no podía ser de otra manera- mantiene la punta, Danny interrumpe el relato de Torello con sus audios de WhatsApp. Y con sus historias de: “cuando yo era piloto esto no pasaba…” La quinta vez que dijo eso, Tito le bufó y se fue caminando a la playa. “No soporto más a este simio, humana. Estoy a punto de darle un zarpazo mortal porque soy maestro zen pero no boludo. Me llevo el IPad para seguir viendo la carrera. Tu tu tu tu, ¡MAX VERSTAPPEN!”- dijo, gritándole en la cara a Danny. Y mientras Tito se alejaba con mi bendición, Danny vio los cuadernos forrados en cuero que guarda como un tesoro. “¿Y eso qué es, qué dice? Ki Ki Ki, ¡vamos a leer los cuadernos de Tito!” -me dijo con una sonrisa mientras me devoraba con esa boca de la que no me canso de contar los dientes. Y ahí encontramos estos escritos, que están a punto de leer.Un compilado de reflexiones humano-filosóficas-felinas-ratelinas-formulísticas que son una Antialquimia.
Porque, se entiende, esto no es el camino a Santiago ni la ruta del oro. Pero son la visión de Tito, el observador más despiadado de la galaxia, que nos vio a través de sus ojos sabios y nos retrató como lo que somos… unos auténticos pelotudos en la búsqueda de sentido que, de tanta búsqueda, se encontraron.
Danny sigue con sus metáforas escatológicas, yo me voy a preparar un té. Esperamos que Tito no vuelva todavía a bufarnos en la cara, mientras bebemos de su sabiduría encuadernada en cuero.
La próxima entrega nos habla el evangelista. Tito la está editando mientras medita sobre el derrumbe de Occidente y la vacuidad.
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