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Reflexión sobre la copia en la Sociedad de la Inteligencia

Ellos copian a «eso». Ellos te copian. Ellos me copian. Y yo ¿por qué no copio?

Siempre me interesó ampliar mi punto de vista sobre la propiedad de las ideas. Pensaba en la existencia del inconsciente colectivo y en el argumento de que «no hay nada nuevo bajo el sol». Hasta que la copiada… fui yo.

Ellos copian a «eso»: la preocupación por la copia de las respuestas de la Inteligencia Artificial

Hace unos días vengo viendo algunos trabajos, sobre todo de docentes, preocupados porque los estudiantes copian las respuestas del modelo de Inteligencia Artificial de moda. No es un tema menor, pero se está volviendo un tema trillado. Hay una cierta insistencia en formaciones sobre «Herramientas de Inteligencia Artificial para docentes» y «herramientas antiplagio» que, por lo menos en el último caso, ya sabemos que no son confiables. Pero seguimos preocupados por la copia.

Creo que la preocupación sobre la utilización de la Inteligencia Artificial por parte de nuestros estudiantes que, en muchos casos es preocupante, es una manera cómoda de no enfrentar la realidad: la Inteligencia Artificial amplifica lo que somos. El verdadero desafío, entonces, no es tanto «cómo detectar si los estudiantes copian» sino qué ejemplo estamos dando para que los estudiantes no copien. Y de eso hay menos personas hablando.

Como dijo Han, ese narcisismo que él identifica en las relaciones, en las que el otro es un espejo de lo que soy, también podría trasladarse al rol de la Inteligencia Artificial: si se usa de manera correcta o incorrecta, ética o antiética, no es tanto por su disponibilidad, sino por lo que es el que la utiliza.

Ellos te copian

Esto me hizo pensar que, cuando era chica, y a riesgo de revelar mi edad, miraba todas las mañanas a Xuxa. Hay una frase que ella dijo sobre la copia que me ha calado hondo desde entonces: «si alguien te copia no te enojes, es porque estás haciendo las cosas bien». Para mí tenía mucho sentido e, incluso, me parecía con sentido esa visión de la propiedad de las ideas de que, en realidad, no serían de nadie, debido a que forman parte de una especie de «inconsciente colectivo» del que todos nos nutrimos. Entonces, cuando mi jefa se enojaba porque la estaban copiando, decía: «bueno, algo está haciendo bien, debería quedarse con eso.» Claro. Ese argumento, además de ser diplomáticamente correcto, es bueno cuando el otro es el copiado. Pero ¿y cuando me copian a mí?

Ellos me copian ¿o mi producción tiene el valor suficiente para ser apropiada?

Lamentablemente, no fue la primera vez que esto ocurrió. En el ámbito académico, me han copiado programas, planificaciones, ideas. Algunas veces me he quejado, han tratado de intervenir… pero el daño estaba hecho. Otra de las veces la persona que me copió me negó, mirándome a los ojos, que lo había hecho, culpando a otra persona.

Pero esta vez fue distinto. Y, por primera vez, comprendí la indignación de mi exjefa.

Hace un tiempo que estoy, podría decirse, creando. Invirtiendo mis horas en leer, en pensar, en producir. Hace un tiempo que mis días se dedican en gran parte a crear nuevas miradas, nuevos conceptos, nuevas perspectivas en esto que Barros ha denominado «la Sociedad de la Inteligencia». Y, como la mayoría de personas, lo comparto en las redes.

Y me copiaron. La frase de Xuxa por primera vez no me interpeló. Y si bien la copia siempre es burda, como esas fotocopias de los libros de inglés que no refleja los matices ni el pensamiento que hay detrás, la idea es la misma. Y para alguien que carga con la herida del no reconocimiento es dolorosa.

Entonces, por primera vez, me di cuenta que, cuando la copia deja de ser abstracta y se vuelve experiencia, aparece algo que el discurso sobre el inconsciente colectivo no alcanza a explicar. Es una forma de desconocimiento del trabajo intelectual que hay detrás de la producción de ideas. Y, sobre todo, cuando es la misma persona que un día te negó la copia mirándote a los ojos.

Y yo, ¿por qué no copio?

Entonces, cuando veo la preocupación de los docentes acerca de la copia de los estudiantes de las respuestas de la Inteligencia Artificial, no puedo evitar pensar acerca de qué estamos haciendo para que eso suceda. Dejando de lado las discusiones sobre las consignas, la manera de evaluar, etc. que no vienen al caso, me pregunto qué tipo de ejemplo los estudiantes pueden visualizar en el ámbito académico. Si los propios colegas se copian entre sí. Si los investigadores se roban ideas entre sí.

¿Por qué no habrían de copiar de la Inteligencia Artificial si sobran ejemplos de personas que se copian?

Entonces, me pregunto ¿por qué yo no copio? Sería más fácil tomar las respuestas de un modelo y con ellas armar planificaciones, trabajos, escritos. Pero no. No creo que eso sea lo ideal para enfrentar los cambios que se vienen. Hay otra forma de utilizar y de entender la Inteligencia Artificial. Y hay otra manera de respetar la propiedad intelectual de los que comparten con nosotros.

Prefiero seguir pensando. Aunque me copien. Aunque eso implique sostener una forma de trabajo que no siempre es la más reconocida. Y aunque siga con la sospecha que no estoy haciendo algo bien.

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