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Por qué Bexhill, mi Bexhill

Mi vínculo con Bexhill no es casual, ni circunstancial, ni superficial, ni siquiera turístico. Mi vínculo es estructural, esencial y, hasta diría, político.

Hace unos años tuve un sueño: una playa llena de guijarros, un sol radiante, una calidez envolvente. Caminaba en esa costa desconocida y mi cuerpo reconocía algo que mi mente todavía no podía nombrar. Al despertar, no identifiqué ningún lugar. Pero el sueño se quedó. Como si hubiera sido real.

También, hace más de 20 años, cuando todavía vivía en Córdoba, escuchaba a Keane. Esa banda acompañaba mis noches de lecturas existencialistas, mis poleras negras y la sensación de estar suspendida en el absurdo de existir. Sovereign Light Café viajaba conmigo en colectivos y caminatas. La escuché cientos de veces, sin saber que su geografía sería una profecía.

Hasta que en abril de 2025, atravesando la noche oscura del alma y renaciendo en una identidad nueva, vi un video de YouTube sobre las “10 mejores ciudades de East Sussex”. Y ahí estaba: Bexhill-on-Sea. La reconocí antes de nombrarla. Lloré. Como si algo hubiera regresado a casa.

En la última toma aparecía un templo budista. El budismo era central para mí en aquel momento. Fue la confirmación final. Yo entendí:
Ese es mi lugar.
Siempre lo fue.
Esperó pacientemente a que yo pudiera reconocerlo.
Y ahora espera a que pueda habitarlo.

Fue una epifanía en la que Keane, Sovereign Light Café, los guijarros de mi sueño y el cierre de una subjetividad que ya no me contenía se unieron en una sola frase interna:
Yani, este es tu camino. Tu vida empieza cuando lo reconocés.

Mientras escribo estas líneas, la emoción me aprieta la garganta. ¿Cómo puede amarse tanto un lugar que aún no se ha pisado? Porque estuvo ahí desde siempre. Esperando que yo pudiera conectar los puntos. Y, lo más difícil, esperando a que yo me sintiera digna de él.

Me pregunté muchas veces: ¿por qué Bexhill-on-Sea? Es una ciudad pequeña, con un promedio de edad mayor que el resto de Inglaterra. Podría haber sido cualquier otra de East Sussex: incluso Battle, donde nació Keane. Pero el camino estaba lleno de señales:

  • En Bexhill se corrió la primera carrera de autos de Inglaterra. Hola, Fórmula 1.
  • Fue una de las primeras ciudades donde tocó Keane. Hola, Sovereign Light Café.
  • Tiene esa paz que quise toda mi vida: silencio que arropa, tranquilidad que libera.

En Bexhill puedo ser yo. Lo sé porque lo soñé y porque cada vez que la imagino, respiro.

Desde aquel abril, Bexhill se volvió símbolo de mi identidad naciente. Primero fue música. Luego sitio web. Después brújula.
Ahora es destino.

En diciembre de 2025 se me ocurrió una idea:
¿tendrá Bexhill una radio para escuchar en inglés?
Sí. La tiene.
Bexhill Radio.
Un proyecto comunitario hecho por los habitantes de la ciudad, en su mayoría mayores de 50.

Empecé a escucharla cada día. Aprendí su acento, sus ritmos, su humor. A las 00 ponen siempre la misma nana. La misma. Como si cada noche la ciudad le dijera al mundo: buenas noches, estamos aquí.

Y entonces apareció él: GJDJ. Con su energía, su pasión por la música y ese estilo tan propio. Lo seguí porque me conectaba con una identidad emergente en mí: más visible, más fuerte.

De pronto, algo insólito empezó a pasar: cuando me veía conectada, me saludaba.
“Argentinaaaaa! Buenos Airesssss!”
Yo, del otro lado del océano, rompía en lágrimas.

Hace un año, nadie en esa radio decía “Buenos Aires”. Hace un año, no existía una Yani escuchándolos desde el calor de Corrientes. Hace un año, no existía Bexhill en mi vida.

Hoy Bexhill no es sólo mi sitio web. Es mi identidad. Mi versión plena. Mi voz. Mi plan.

Esa versión de mí misma camina, cada día un poco más, hacia esa costa que me soñó antes de que yo pudiera soñarla.

Ya no puedo decir que no creo en milagros. Después de sentir a Bexhill-on-Sea,
me convertí en uno.