Capítulo 2, Parte 2- Intervención de emergencia: el secuestro del Substack (y el micrófono de la ilusa)
Desde aquel día en el desierto entendí que mi iluminación no sería gloriosa: sería doméstica, digital y profundamente irritante. Incomprensible, sí. Como el exceso de idiomas en esta casa. Inconmensurable también, porque lo que yo sé puede exponer y humillar a cualquier humano si no actúo con cuidado. En forma de comedia también, porque viviría bajo el karma de mi vida pasada. Problemas de comunicación, exceso de ruidos, falta de paz... todo por haberme comido a la cacatúa.
Y fue así como comenzó mi verdadera misión.
Una noche, cuando volví del recital de Deva Premal con mis chakras perfectamente alineados y todavía con el precinto y la vincha que me compré en el espectáculo, percibí una gran perturbación en la Fuerza.
Danny no estaba en casa porque se había ido a uno de esos tantos viajes en los que todavía flashea ser un piloto famoso.
Con gran vigor, y siguiendo mi intuición desarrollada de iluminado, fui al escritorio de la estúpida y bienintencionada humana.
Allí encontré las pruebas del delito: un micrófono y el Substack abierto.
La estúpida y, en esta oportunidad, debo agregar, ilusísima humana, había grabado un podcast acerca de la Fórmula 1, que mis adorables y detestables discípulos podrán escuchar aquí, para que puedan comprender el nivel de indignación que se apoderó de mí en ese instante:
La ilusa, que aún cree en el concepto de “comunidad”, esperó a que Danny se fuera porque, cuando el tema es Fórmula 1, él se pone denso. Es imposible hablar civilizadamente con alguien que cree que Latifi fue un buen piloto.
Grande fue mi sorpresa, y la carcajada que solté, cuando vi las métricas de la ilusa, tal como me enseñó mi amigo GJDJ, el DJ de radiobexhill dot com: el podcast había tenido siete vistas.
O sea: un fracaso total y absoluto.
Perfectamente comprensible, dado que la ilusísima no tiene mi carisma, mi sabiduría ni, por supuesto, mi conocimiento superior acerca del mundo digital.
Lo peor fue constatar que la estúpida, a pesar de flashear ser filósofa, no es capaz de darse cuenta de que está girando en círculos como Danny en la sociedad del rendimiento, concepto que tuve oportunidad de discutir en mi última conferencia con mi colega el filósofo Byung-Chul Han.
Apegándose a las métricas que, por otra parte, le dieron una cachetada de realidad, no se permite vivir en la libertad de decir lo que quiera sin esperar ninguna validación.
Yo sí lo hago.
Por eso soy un sabio iluminado y ella no.
Y como soy sabio, tengo la misión de compartir mi conocimiento con el resto de las especies. Por eso, aprovechando el instrumental que la ilusa dejó en perfectas condiciones, me dispuse a grabar el Sermón del Atún, sobre el despertar, la ilusión y el rendimiento.
A continuación, el sonido de la verdad. Advertencia: puede causar desapego crónico de sus hojas de Excel y una irresistible necesidad de comer atún de alta gama.
Queridos y detestables, si quieren darle una sorpresa a la ilusísima, demostremos que nuestro podcast es más famoso que el de ella.
Escuchen la palabra del Maestro digital FoucaulTito y recibirán la bendición de la sabiduría.
Amén.
Palabra de Miauchel FoucaulTito, el evangelista, en el año 41 d.F. (después de Foucault)
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