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Capítulo 2, Parte 1- Arquelogía del Bostezo

“No te detengas cada vez que pronuncian tu nombre en la playa.” - Enseñanza ignorada del evangelista a un tal Ricciardo, Bexhill, año 41 d.F.
Esa fue la génesis del karma que arrastra mi apacible vida. Un karma lingüístico que me obliga a lidiar con lenguajes que no son los míos. Inglés, francés, portugués… incluso el alemán que la estúpida bienintencionada humana intentó estudiar sin éxito, torturándome con esa lengua como un solo de violín desafinado durante noches enteras. Estructuras académicas, jergas de LinkedIn, discursos de coaching ontológico, papers que nadie lee… Todos ecos de aquella cacofonía plumífera. Mi vida ha sido una Torre de Babel que no se cae, sino que hunde sus cimientos en mi falta de paciencia. Pero reencarné. No en cualquier cosa. Esta vez soy Miauchel FoucaulTito: felino ilustrado, zen, fit y condenado a convivir con una humana que colecciona idiomas y libros como otros coleccionan tazas. Los maestros cumplieron su promesa y me transformaron en el ser más perfecto del universo. Pero también cumplieron la de reeditar la querella de los lenguajes. Solo que esta vez soy maestro y ya aprendí la lección. Ahora enseño. Porque ya lo sé.

El signo del retorno 🔄🐾

El primer indicio de que el karma lingüístico volvía para atormentarme apareció una mañana en la que la humana, antes de que pudiera mirarla con desprecio, me dijo: - Tito, nos vamos a Australia. ¡Preparate! Vamos a tener que aprender inglés. Aún recuerdo el entusiasmo de quien descubre el agua tibia. Yo escuchaba, imaginando la risa de los maestros en el otro plano, y revoleé los ojos mientras levantaba el dedo medio de mi garra izquierda como cordial saludo por no haberse olvidado de mí, porque la ingratitud es pecado mortal en mi doctrina. Como si fuera la maldición del eterno retorno felino, a la estúpida bienintencionada no se le ocurrió una mejor idea que ir a Australia, territorio de mi muerte anterior y de mi extenuación espiritual. ¿Por qué habría de interrumpir mis meditaciones y mi dieta vegana para ir a cagarme de calor en un desierto seco, estéril e insulso? La humana deliraba El Alquimista. Y yo traté de advertirle:
“Humana, no seas ilusa. No vas a encontrar nada afuera que ya no tengas adentro.”
Pero, como le había pasado a Nina, la lechuza sabia que tuve la desgracia de encarnar en mi anterior vida, fui ignorado como si mis palabras fueran las de un simple gato fofo y haragán. Así que, obligado por la que se creía Santiago camino a su Compostela simbólica, nos fuimos al desierto de Victoria 🏜️. Y ahí termina esta parte. Porque todo lo que sigue, y todo lo que cambió, comenzó exactamente ahí. Palabra de Miauchel FoucaulTito, el evangelista, en el año 41 d.F. (después de Foucault) (Continuará en la Parte 2 del Capítulo 2.) ← Volver al Índice